El año 2017 se presenta como un año clave para el futuro político de la Unión Europea. Los ciudadanos de Holanda, Francia y Alemania están llamados a las urnas, junto con la posibilidad de que italianos y austríacos también sean convocados de manera anticipada a las mismas.

Que coincidan en el mismo año las eleciones de 5 países no es de por sí algo excepcional, teniendo en cuenta que la unión cuenta con 28 miembros, con el Reino Unido aún como socio. Lo que lo hace excepcional es la situación de inestabilidad política que viven esos países por la entrada en escena de nuevos partidos políticos que abogan por aplicar medidas de corte más proteccionista, lo que incluye entre otras cosas replantear o eliminar los actuales acuerdos europeos (Schengen, Euro, …) 

El impacto de unas eleciones en la economía es una cuestión difícil de cuantificar. El triunfo de partidos que abogan por políticas continuistas, reduce la volatilidad en los mercados, manteniendo la tendencia existente de crecimiento. Por otro lado, la entrada de partidos con programas novedosos supone un incremento de volatilidad, por lo inesperado de los resultados que puedan acarrear.

Puesto que los mercados funcionan por expectativas, adelantándose a los resultados y descontando en el precio el posible impacto, los analistas tratan de adelantar los resultados de las mismas, de ahí la importancia de las encuestas.

Durante las épocas de crecimiento estable, las predicciones (económicas, financieras, …) basadas en la tendencia existente y en datos históricos  funcionan bastante bien, no siendo tan útiles para predecir en las crisis económicas y en momentos de gran volatilidad en los mercados. Lo mismo se puede aplicar a las elecciones.

La crisis financiera de 2008, junto con la crisis de deuda europea de 2011, las crisis de la burbuja inmobiliaria en muchos países europeos y la relantización de la economía mundial han provocado un empeoramiento en la situación económica de muchos ciudadanos de la UE, lo que unido a otros eventos de carácter político-social como la crisis de refugiados y los casos de corrupción, está provocando un hartazgo político de una parte de la sociedad respecto a los gobernantes, aupando a nuevos partidos.

El triunfo del Brexit en el referéndum de Reino Unido sobre la permanencia en la Unión Europea y la victoria de Donal Trump como presidente de EEUU acaecidos el pasado 2016 forman parte de este cambio de tendencia y son un anticipo de lo que las eleciones en el continente  pueden deparar. Además, ambas llamadas a las urnas demostraron la incapacidad de las agencias demoscópicas para predecir los resultados, subestimando en ambas ocasiones a los partidarios anti-establishment.

Tras más de dos décadas de políticas liberalizadoras que han fomentado un comercio global, las políticas proteccionistas por las que abogan los nuevos partidos tendrán un efecto fuerte al romper una tendencia prolongada .

A grandes rasgos, empresas de consumo cuya producción ha sido trasladada a países emergentes se verán perjudicadas por la entrada de aranceles, mientras que empresas del sector de la construcción y las farmacéuticas se verán beneficiadas por los incrementos en el gasto público. 

Las políticas desregularizadoras frente a la voluminosa normativa Europea actual pueden beneficiar sectores como la banca o la energía mientras que las trabas al movimiento de personas pueden perjudicar a los sectores tecnológicos.

 El impulso al consumo interno fortalecerá las divisas de las principales economías en detrimento de los emergentes.

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