El 23 de junio de 2016 los ciudadanos del Reino Unido votaron sobre la permanencia en el bloque comunitario. Frente a los encuestas de los días anteriores que adelantaban una victoria de los partidarios de la permanencia, el 24 de junio los británicos y los ciudadanos de medio mundo se levantaron con la sorpresa de que el no a Europa había ganado de forma rotunda, con una diferencia de más de 1,7 millones de votos más a favor de salir que de mantenerse.


Un evento como este tiene dos momentos clave para la toma de decisiones de inversión.

El momento anterior a la votación. El objetivo es beneficiarse de los incrementos de volatilidad antes de la votación así como de posibles subidas o bajadas drásticas en determinados activos en caso de que el resultado no sea el esperado. 

Y el momento después de la votación. Una vez conocido el resultado, el mercado ajusta precios, cuya cuantía varía en función de lo optimista o pesimista que su postura sobre el resultado haya sido. No obstante, un cambio de rumbo como es la salida de la Unión Europea, no materializa sus impactos de la noche a la mañana, ni tampoco hay un único recorrido posible. En el caso concreto del Brexit, se habla de Brexit blando y Brexit duro, el primero en referencia a mantener acceso al mercado común como un estado asociado y el segundo por una ruptura total. Las decisiones en este caso tienen un horizonte a medio/largo plazo y incluye tanto un análisis de que sectores se beneficiarán más de las previsibles políticas a poner en marcha así como de que empresas particulares están mejor posicionadas para beneficiarse de dichos cambios.

Puesto que el Brexit lo vamos a analizar a posteriori, conociendo como los mercados se movieron en los días pre y post votación, nos limitaremos a tratar de entender porque y como ocurrió. Para los eventos por venir, las elecciones de 2017, analizaremos que posición tomar de forma previa y como los posibles futuros escenarios puedan afectar.

Antes de entrar a analizar como se vieron afectados unos y otros activos financieros es conveniente recordar que la razón de dichos movimientos no se debe sólo a lo positivo o negativo que el evento pueda ser sino a si era o no esperado, pues el mercado se adelanta a los eventos. Por eso mismo, si la mayoría del mercado piensa que habrá Brexit, los precios se corrigen en los días o semanas antes de la votación, y cuando está ocurre no se verían afectados. Es al ocurrir un evento distinto del esperado cuando se dan los las subidas o bajadas bruscas, pues el mercado contaba con otro horizonte y corrige sus predicciones y valoraciones.

Uno de los activos que más se ven afectados y que más rápido reflejan el impacto de unas eleciones como estas es la divisa, en este caso la libra esterlina principalmente y el euro en menor medida.


La salida de Reino Unido de la Unión siembra dudas sobre su viabilidad futura, su capacidad de hacer frente a sus deudas, el crecimiento de su economía y a la capacidad de sus empresas de competir en el mercado global. Es por todo ello que la confianza de los inversores en su divisa se resiente y las ventas se dan. 

Además, hay que tener en cuenta que el mercado de divisa es uno de los más líquidos, y por ello más apto para tomar posición a favor o encontrar de la economía británica de lo que sería el mercado inmobiliarioo de consumo, donde muchas empresas no cotizan en bolsa o donde el número de jugadores está más atomizado y afectado además por las particularidades de cada empresa.

Es importante recordar que el banco central a la hora de tomar sus decisiones de política monetaria tiene que tener en cuenta distintas variables como son la fortaleza de la divisa o el crecimiento económico. Una salida del mercado único puede generar que la economía británica se resienta y entre en recesión por la pérdida de mercado de sus empresas, para lo cual una bajada de tipos es necesaria si se quiere activar el consumo interno. Por otro lado, esa misma salida puede poner dudas en el país y debilitar la divisa para lo cual una subida de tipos es necesaria si se quiere proteger la divisa, con el fin de hacer más atractiva a inversores la inversión en el país.

Ante estos dos escenarios, el mercado apostó más a que el banco de Inglaterra, el old lady, se decantaría por la primera opción y defendería la economía en vez de la divisa, como finalmente ocurrió con el anuncio de bajada de tipos en agosto de 2016 (el mercado inicialmente lo esperaba en julio), el cual vino acompañado del anuncio de un paquete de compras de activos conocido como Quantitstive Easing.

La libra llevó a bajar más de un 10% frente al dólar en las primeras horas tras el resultado, cerrando el día con una caída del 7%. Por otro lado, el euro también sufrió respecto al dólar, algo más de un 3%.

Pese a que Reino Unido no formaba parte de la zona euro, su marcha de la Unión Europea sombra dudas sobre el futuro del proyecto europeo y sobre la viabilidad de la moneda común. El resultado británico da alas a los partidos euroescépticos del contienente, los cuales podrían forzar referéndums similares en sus países. El caso de Francia y Holanda, donde los euroescépticos encabezan las encuestas preocupa por el impacto que dichos referendums tendrían en el euro. Al igual que pasaba en 2012-2013 con la miedo de que Grecia acabará abandoneo la moneda única, la marcha de un miembro del Euro destruiría el mito de su irreversibilidad y minaría su credibilidad, disparando las primas de riesgo de los bonos de los paises al ponerse en duda el apoyo unánime a la moneda.

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